Las ferias y festivales literarios son unos de los eventos que más disfruto, y no exageraría al decir que el único. Es grandioso cuando consigues en un mismo espacio una variedad de opciones de lo que buscas, y en un mismo día, quizás horas, puedes recorrer y deleitarte con las múltiples alternativas para tu elección.
Normalmente voy con una lista ya predefinida de lo que quiero, bien sea de libros o de autores específicos para no perderme en el inmenso mar literario en el que me sumergiré. Si no estoy preparado, es posible que regrese con las manos vacías todas las veces que vaya, como un pescador que ha salido a la mar y no ha conseguido cumplir con su objetivo regresando a tierra con su barca vacía, agotado y frustrado.
Por el hecho de tener claro lo que busco garantizo al menos que voy a traer algo a casa. Este año, iba con la idea de buscar libros de Cees Nooteboom, holandés autor de El día de todas las almas, novela que adquirí en una feria previa hace ya varios años, sin buscarlo ni conocerlo. He de admitir que cuando comencé a leer esa primera novela de Nooteboom no la terminé; algunos libros tienen su tiempo para ser leídos, y no estaba preparado para El día de todas las almas. Pasaron varios años para que la rescatara de la estantería y la disfrutara realmente, quedando con la determinación de buscar nuevamente al autor. Ahora tengo en mi poder El desvío de Santiago, Perdido el paraíso y ¡Mokusei! El Buda tras la empalizada.
Como no estoy cerrado solamente a cumplir el objetivo que me planteo sino que subo al peñero lo que pique el anzuelo, siempre voy pendiente de los sospechosos habituales: Coetzee, Marías, Murakami, Roth, etc. Me he dado cuenta que se consiguen a buen precio a medida que el año de la primera publicación se nos aleja en el tiempo. Con Coetzee, por ejemplo, la diferencia en el valor de un título u otro radica en una portada con la flameante frase “Premio Nobel de Literatura”, pero con todo y eso son más económicos que los del top ventas Murakami, ya que sus libros tienen un alto valor aunque sea Tokio blues, publicada por primera vez en 1989 con una segunda edición en el 2009.
Las novedades en la bolsa de este año Apartamento en Atenas de Glenway Wescoott y Los buenos deseos de Yiyun Li, cuyas reseñas y valoraciones espero tener en algún momento, los adquirí luego de leer la contraportada. Me fijé en ellos por tener al lado a Nooteboom y a Indignación de Roth, respectivamente. De otra forma, con tantos libros y autores me pierdo, no decido y por tanto no compro. De ahí la importancia para mí de estar en la búsqueda de algo, y no de que algo me busque a mí. Si entrara al “cementerio de los libros olvidados” de C. R. Zafón dudo que salga con un libro en mis manos.
Como anécdota de la jornada he de resaltar el precio de la única novela de Patrick Modiano comercializada en el festival, ganador del Premio Nobel de Literatura 2014, imagino que los pocos libros que vi fueron importados justo después de ganar el premio, porque no había en toda la feria más de 10 ejemplares de El café de la juventud perdida, en dos o tres puestos.
Asi, hay en mi estantería suficientes libros para esperar otro evento literario sin tener que comprar, y la única excepción sería Así empieza lo
malo última publicación de Javier Marías. Espero el tiempo me alcance para leerlos, disfrutarlos y comentarlos.