miércoles, 24 de diciembre de 2014

Navidad, Navidad ...

No es que me considere un enemigo de la Navidad, tampoco es que me afectó el pasar de recibir muchos regalos en la infancia a dar muchos regalos ahora. No sé, no recuerdo el momento en que la Navidad pasó a ser una época medio fastidiosa donde la gente hace lo que no hizo todo el año y anda con un estado de animó tan "es que estamos en Navidad".

Sí, sé bailar gaitas y en mi época colegial aprovechaba las verbenas para bailar al ritmo de "Amparito, aunque mal pagues" y pensar que "cuando vaya a Maracaibo y comience a cruzar el puente sentiré una emoción tan grande", pero es que no necesité ir a Barranquilla porque hay Amparitos en Venezuela y cuando he ido a Maracaibo no cruzo el puente porque voy en avión. Así, puedo decir con toda seguridad que sólo aguanto una que otra gaita y puedo vivir sin escucharla. No es que desprecio las tradiciones y la música venezolana ni nada parecido es que las letras fueron degenerando hasta un nivel que decido no encender la radio desde noviembre al primero de enero.

Puedo sobrevivir sin comer hallacas y dulce de lechosa, y aunque me considero un adicto al pan de jamón y amante del paneton en todas sus versiones, si no lo como tampoco es que se cae el mundo. La degustación de platos navideños no es mi fuerte, es más, quedaron bien atrás los días donde se desayunaba, almorzaba y cenaban hallacas; tan atrás que no sé si son producto de la imaginación o la invención de recuerdos acerca de momentos que no existieron.

Ni hablar de salir a la calle, es increíblemente insoportable salir en diciembre a cualquier lugar. Si no estuviera en época de austeridad debido al desastre económico que tenemos gracias al socialismo y pudiera más o menos comprar regalos, creo que compraría todo por Lino o Mercado Libre y colocaría de una vez la dirección de envío la del destinatario del regalo, así nos ahorraríamos el tramite de "es que yo no te compré nada" como si uno regalara para que le regalen.

Pero como para mi Venezuela no está normal, desde hace bastante no estreno ni una franela, y es que prefiero no gastar dinero en eso. Los jeans que tengo desde la universidad aún sirven y repongo el resto de piezas de vestir más o menos cuando ya no me queda más remedio, y no cada diciembre. Prefería esperar las supuestas rebajas de enero, pero en Venezuela eso dejó de ser rebaja real hace bastante. Los precios de cualquier bien están impagables, según mis estándares obviamente, y siempre me pregunto quién paga eso por una prenda, accesorio o gadget. Pero es increíble que sí, que exista gente que lo paga, con gusto o no, lo cual no es criticable desde ningún punto de vista, cada quién hace con su dinero lo que desee, o al menos lo que desee dentro de lo que pueda.

Con todo y eso, voy tranquilo en Navidad más o menos sonriendo a casi todo el mundo y siendo un poco más familiar que de costumbre. Es que ellos no tienen la culpa de tenerme entre los miembros del grupo familiar, y ahora con mi sobrino, al menos abrazo a un niño. Tampoco es que voy con sonrisa falsa e infulas de superioridad, como me dicen: "con mi tonito de que me las sé todas". Simplemente, soy un poco navideño; y es que por suerte es una vez al año.

Así, espero que todos mis conocidos, y en general todos aquellos que lo deseen, pasen unas ¡Felices Navidades! y tengan un ¡Prospero Año Nuevo!

Un abrazo.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Los buenos deseos

He leído varios libros recientemente, El mal de Portnoy de Philip Roth y otros tantos de Pablo Neruda pero no decidí escribir acerca de ellos. En principio porque el de Roth es complejo, audaz, mordaz y crítico, entre otras cosas, y nada que uno pueda decir de ese libro será aceptado de buena manera. El tema de los judíos es complicado y conlleva polémica, pero al final es literatura, una mezcla de ficción y realidad que te adentra en detalles de esa cultura.

Con respecto a los libros de Neruda no hay mucho que decir, es un placer leerlos. Creo haber leído alguno de sus versos cuando era más joven que ahora ya que tengo recuerdos que vienen a mi mente mientras leo alguno de sus poemas. Creo haré una selección de los que más me han gustado en una entrada del blog, pero voy a esperar a leer los otros dos que me quedan, para al menos hacer la selección de 5 obras del autor.

En definitiva esta entrada es para comentar un libro que adquirí recientemente el cua superó mis espectativas desde la primera historia, y cada relato se fue superando a su vez. Los buenos deseos de Yun Li está compuesto por diez relatos, de los cuales no puedo escoger el mejor. Cada uno con una breve introducción a la cultura de su país natal, China. Esa forma de expresarse del comunismo y el dictador, el retrato de la sociedad que te creas a partir de sus palabra me hicieron sentir "tan en casa".

Quitando el tema político, la trama de cada relato es interesante por sí sola. Las relaciones entre padres e hijos, los excluidos en toda sociedad, la violencia en todas sus representaciones son temas presentes en todas las culturas, y le dan un buen telón de fondo a la composición de cada relato.

En todos y cada uno de los cuentos presentes, el comienzo y el final no están claros, es como si entraras a una conversación de forma tardía y no te quedaras para su desenlace. Esto permite, entre otras cosas, que imagines el comienzo y el final que creas pertinente para la historia. No creo que sea por ser sólo cuentos, lo que sí es cierto es que no son del tipo "vivieron felices para siempre".

Sin más que decir, sin tener que dar pistas de los relatos, la autora entra a formar parte de mi lista de sospechosos habituales y es una buena recomendación.


"Son necesarios trescientos años de buenos deseos para tener la oportunidad de cruzar un río con alguien en la misma barca."